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TEATRO > CRÍTICAS

Cats
por Don Clorato

Autor: Andrew Lloyd Weber
Teatro Coliseum, Madrid.

El último musical que ha llegado a los escenarios españoles es uno de los grandes éxitos de Broadway. Cats se inspira en un libro de T. S. Elliot y nos ofrece un espectáculo felino, con estética ochentera –algo feísta– y un par de temas memorables: Memory y la Canción jelical. El escenario es impresionante. Luces por todos lados, un decorado majestuoso, la orquesta detrás porque no cabe delante, veintitantos gatos maullando en escena. Está el gato funky, los gatos ladrones, el gato bon vivant, la gata marmota, el viejo deuteronomio. El texto se compone de fragmentos aislados que conforman un todo, no hay una historia con planteamiento, nudo y desenlace. Los cantantes son buenos bailarines –no tan buenos cantantes: aunque muchos se salvan, la dicción de algunos deja bastante que desear– y entretienen al público con sus acrobacias y coreografías. Todo es grandioso, es tan impactante como el espectáculo original…
Como todos los musicales. El problema fundamental es que son calcos, supervisados por los propios productores del montaje madre para que no se salgan ni un ápice de éste. Entonces, ¿para qué gastarse tanto dinero en traerlo aquí? La respuesta es clara: para cobrárselo a los espectadores, hacer negocio y de paso hinchar las cifras anuales de recaudación. Totalmente lícito. Pero eso no es teatro. No tiene sentido hacer una versión de una obra sin realmente versionarla. Para esto que editen el DVD, que sale más barato y no hay que aguantar a los que no se callan durante todo el espectáculo, que siempre te toca alguno al lado.
Si quieren quedarse boquiabiertos con la pasta que se han gastado, vayan a ver este musical –o cualquier otro, da igual–. Si de verdad les gusta el teatro, gástense el mismo dinero en seis o siete obras alternativas. Siempre podrán ver Cabaret, el de Bob Fosse y Liza Minelli, en vídeo –eso sí que es un musical– y leer a T. S. Elliot.

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