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LITERATURA > PROSCRITOS POR EL MUNDO

El oficio del Poeta

Pablo Cassi

El arte y en especial la literatura, como formas del comportamiento humano, han sido una constante a través del tiempo. La creación literaria de un poeta o escritor, por lo general, ha sido más bien una forma personal de comunicación con aquello que se denomina ´el prójimo evitable` y con todo aquello que lo sobrepasa.
Pero pronto apareció el triunfo de ciertos discursos unívocos, la práctica abierta del sofisma por parte de los profesionales de la retórica, lo que conllevó a que la función de la literatura, fuera en cierta medida dejada de lado y reemplazada en las conciencias de las mayorías por la idea del entretenimiento o la simple diversión.
Entonces el acto creativo dejó de ser importante para los demás y, por ende, para el mercado del libro y fue así que el mundo de las letras fue perdiendo un espacio en su propio mundo.
Los poetas, los novelistas, los ensayistas y los dramaturgos, en tanto comenzaron a sentir en carne propia la aparente inutilidad de este oficio y a ser vistos como catalizadores del disturbio, para luego ser relegados de forma paulatina a un segundo plano y después, ser expulsados de la reciente república del consumismo y del éxito financiero.
De acuerdo con este nuevo orden imperante, producto de la exportación de las grandes economías, carentes de motivaciones espirituales y de proyectos que vayan más allá de lo inmediato y perecedero, los autores de textos literarios han resultado ser a la postre los únicos y grandes perecederos en una sociedad altamente tecnificada y pragmática, que no necesita para su ´normal` funcionamiento poetas, pintores, músicos, dramaturgos o escultores. Los graves problemas por los que atraviesan los países llamados en vías de desarrollo no se solucionan con las nuevas promociones de escritores o intelectuales. Lo que aquí se requiere -según algunos economistas- es mano de obra cualificada, es decir, hombres-máquinas, capaces de aumentar los índices de producción para competir en los mercados mundiales, sin importar mayormente que el día de mañana, el alerce o la araucaria sean sólo un hermoso recuerdo de Chile, el país más austral del mundo.
Enfrentado a esta penosa realidad, el auténtico escritor se ha planteado con insistencia y de manera conjetural una redefinición de su rol dentro de esta sociedad, cada día más corrupta y alejada de la misma esencia del hombre.
No olvidemos lo que hace algunos años expresó el argentino Ernesto Sábato: ´La pérdida de la identidad de los pueblos de América Latina se inicia a partir de la aceptación de pseudoexpresiones culturales, provenientes de los países industrializados. La drogadicción, la pornografía y el alcoholismo reflejados en vastos sectores de nuestra juventud, hoy casi ya no escandalizan a nadie.`
Siento que al expresar estas palabras de alguna manera u otra estoy interpretando a muchos que han hecho de este oficio la razón última de su vida: renovar el camino de la esperanza; defender lo más íntimo de cada hombre o de cada mujer que se inicia con el descubrimiento del lenguaje, porque también en las palabras albea el amor, el terruño, el amplio horizonte de nuestra existencia; mientras la noche oscurece nuestro canto, para recordarnos que a fin de cuentas no somos nada más que peregrinos de un viaje interminable.
Tácitamente está expresado que la tarea del escritor requiere ser escuchada con atención, al igual que otras de la misma naturaleza humana, y proclamada como una sola actitud, sin fronteras, desafiando los contumaces olvidos que a diario pretenden desalentarnos, y aceptar que más allá de las personales circunstancias, nos vincula una auténtica fraternidad en afanes humanos y sensibles.
Como en todo hombre, la primera condición del escritor para realizar su trabajo es hacerlo bien. Conseguirlo le llevará -probablemente- toda la vida. El escritor nace y se hace cada día, porque debe comprender que escribir es dedicar su tiempo vivo a recoger y expresar, a comunicar y a soñar, a querer y a no querer a todos los verbos inexcusables que forjan con o sin su permiso, es decir alma y cuerpo de todos los días, de todos los momentos.
Y una pregunta no se hace esperar. ¿Hasta dónde se extiende el poder de la palabra? ¿Qué zonas limita o intenta poblar? La respuesta depende de ese factor decisivo que se llama talento, pero también, exige trabajo, consciencia, inspiración y años quizás de espera para ser reconocido entre sus iguales.
La Psicología Social afirma que la literatura refleja la época que se vive y que ésta, a su vez, actúa sobre la conducta de quienes están ligados al mundo de la economía y de la política, sensibilizándolos, transformándolos de cierta manera en interlocutores válidos. Este entendimiento entre creadores y quienes tienen en sus manos el futuro cultural de miles de ciudadanos puede ser calificado como un acontecimiento importante para quienes pretenden dedicarse en un futuro próximo al cultivo de las expresiones espirituales. Estoy confiado en la efectividad de estos impulsos emocionales, pero no obstante soy partícipe de crear otras instancias más permanentes en el tiempo. El escritor no puede vivir del entusiasmo de una determinada clase política o económica, es necesario que se legisle en torno a esta problemática para no caer en los favoritismos, tan propios de la idiosincrasia chilena.
Concluyo esta breve reflexión en torno al oficio del poeta, o de la utilidad de la poesía, pero antes deseo establecer y espero que éste sea el pensamiento de mis pares que no reconozco obligaciones temáticas de ninguna índole, sí una paciente labor que se traduzca en un abrazo fraternal, mayor que toda la soledad existente.

Breve biografía:

Pablo Cassi, nació en la comuna de Putaendo, Chile en 1951. Es editor y director del periódico, Gaceta Municipal y Asesor Cultural de la I. Municipalidad de San Felipe, desde 1980 a la fecha.
>Ha publicado los poemarios: Para un Peregrino Distante (1978); Poemas para un Niño con Sonrisa de Primavera (1983); Intimo Desorden (1985); Secreta Convicción (1987) e Intimo Desorden (1989). En el género cuento ha publicado los volúmenes Cuando se Aproximan los Sábados y otros Cuentos (1981) y La Espantosa Virginidad de las Feas y otras Historias 1985.
En reconocimiento a su labor ha recibido 20 distinciones tanto a nivel nacional como internacional, destacándose las obtenidas en España, Argentina, Guatemala, Paraguay, México y Chile. En 1985 obtiene el Premio Municipal de Poesía Ciudad de Santiago, Chile por su libro Intimo Desorden. Parte de su obra ha sido traducida y publicada en revistas y antologías de Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Suiza y Portugal.
Otros antecedentes literarios se encuentran consignados en su página Pablo Cassi

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