El tercer hombre,Carol Reed,Graham Greene , Fernando Cordero, Miguel Pérez de Lema
 
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CINE > CUATRO OJOS VEN MÁS QUE DOS

El tercer hombre
por Fernando Cordero, Miguel Pérez de Lema

Literatura y cine pueden llegar a hacer una buena pareja. En esta sección el responsable del apartado cinematográfico analiza la novela El tercer hombre, y uno de nuestros redactores literarios examina la película de Carol Reed.

La Novela

La novela de El Tercer Hombre en realidad se escribió directamente para convertirse en guión. Fue un encargo que le pidió sir Alexander Korda a Graham Greene para Carol Reed. Greene asegura que no puede escribir el argumento de un film sin antes haber escrito el cuento, así que él primero hizo la novela y luego, junto con Carol Reed escribieron el guión. Así lo explica el propio Graham Greene en la introducción del libro.
En la película se condensa gran parte del relato ya existente, dando así mayor dinamismo a lo que sucede y consiguiendo que el desarrollo de los acontecimientos no se estanque; algo fatal en una película.
Por ejemplo el tema de la detención de Anna, la protagonista. En el libro se le dedican varias páginas, en las que incluye una explicación de la forma de proceder de las patrullas internacionales que por aquél entonces –inmediatamente después el fin de la II Guerra Mundial- había en la ciudad de Viena. Todo eso, en la película, sólo hubiera provocado la distracción del espectador pues nada nuevo aporta al relato central, que es la investigación para descubrir el misterio que rodea la muerte de Harry Lime, el amigo de nuestro protagonista Rollo Martins, en la novela, y de Holly Martins en la película. El cambio se debió a la negativa de Joseph Cotten de llamarse Rollo.
Otro ejemplo de cambios del relato para avivar el argumento es la conferencia del protagonista que se incluye al final una persecución que en el libro no existe, persecución que dirige Popescus. Este personaje en la novela se llama Cooler y aunque está en parte implicado en los trapicheos del mercado negro, no lo está tanto como en la película y mucho menos supone una amenaza para el protagonista. De hecho, a éste hasta le cae bien.
En la novela los diálogos son demasiados explicativos y menos sutiles. Se habla mucho, se cuentan muchas cosas que en la película se lo dicen con miradas, con imágenes o directamente lo pasan por alto, consiguiendo, una vez más, un dinamismo en la historia que se agradece. El enamoramiento del protagonista por Anna es mucho más pasional en la novela, Rollo Martins es más inocente, menos seductor.
Otro cambio significativo en cuanto a los personajes es el del policía. Mientras que en novela más humano, hasta en un momento dado confiesa haberse equivocado y se reprocha el no haber escuchado a Rollo Martins, en la película es el típico duro de cine. En general, en la película los personajes son más impenetrables, más inteligentes, o esa es la sensación que dan. En la novela no soportan tanta tensión como en el guión, y de esta manera sufres menos por ellos ya que no están en un peligro constante. En la película, y en parte gracias a la fotografía y los encuadres, la tensión, la intriga es más palpable. Desde luego es uno de los grandes logros del guión.
Algo que cambia entre el relato y la película y que nada tiene que ver con el dinamismo del relato es que mientras en la novela todo lo que sucede lo cuenta el policía, en la película comienza a contarlo él pero después del entierro inicial no volvemos a oír su voz, ni siquiera al final para terminar el relato. Toda la película es un largo flash-back sin cerrar. No se sabe nada más del narrador, desde el cementerio somos meros espectadores sin nadie que nos guíe. Y no sólo es eso. En la novela, lo que él no ha vivido lo sabe por las conversaciones que mantiene con Martins. Pero en la película, nos muestran escenas que no pueden haber vivido ninguno de los dos... a no ser que se lo hayan contado los otros personajes; algo muy improbable. El que incluyan dichas escenas, por lo general de los “malos”, tiene como finalidad el proporcionar al espectador más información de la que tienen los protagonistas situándonos así por delante de los personajes para crear una mayor tensión, suspense en definitiva.
Se puede considerar que la novela de El Tercer Hombre es en realidad una primera versión del guión definitivo. Y que se ha ido puliendo hasta hacer un guión sólido y sin fisuras. Pero que de no existir el relato, el guión hubiera costado más trabajo o no habría quedado tan cerrado.

La Película

¿Fue Carol Reed o fue Orson Welles quien dirigió la secuencia de las alcantarillas? Se da comúnmente por válido que fue Orson Welles y así lo aceptamos, porque la secuencia encaja con su estilo expresionista y porque hay una ´música` un poco diferente en esta secuencia respecto al resto de la película.
También se ha aceptado que fue Orson quien introdujo la famosa escena de la noria, en la que su personaje justifica el mal absoluto, de forma casi convincente. Una película perfecta como es El tercer hombre tiene esos dos momentos un poco aparte, únicos, un poco más perversos, cínicos, arriesgados, y por ahí es por donde puede verse la mano de Orson.
En todo caso, El tercer hombre es un caso singular en el que un escritor se pone voluntariamente por debajo de una película. Graham Greene explica en el prólogo de su novela que ésta es inferior a la versión cinematográfica.
Es posible que así sea. La película está reconocida como un clásico y la novela no -aunque es una espléndida novela-. Pero la película es una feliz suma de talentos. La música de Korda, que seguimos tarareando. Una música cínica, si es que eso es posible. Un guión perversamente sorprendente. Un director, tal vez dos, en estado de lucidez. Y el talento interpretativo de Orson Welles, que es de lo que se suele hablar menos.
Orson Welles fue un actor menospreciado e infravalorado, que llegó a participar en películas ínfimas en sus momentos más bajos, pero fue siempre un actor-película. Esto quiere decir que su fisonomía, su carisma, su voz -que aquí nos roba el doblaje- hacían que cualquier película en la que participara se convirtiera para el espectador en una película de Orson Welles.
Eso sucede como nunca en El tercer hombre, el tercer hombre es Welles tanto en la trama como en el imaginario del espectador. A lo que se añade su probable intervención en la dirección, para que se reciba la película como una película de Welles. Y de los cuatro talentos: Korda, Reed, Greene y Welles, el de este último es el que ha quedado más arriba.
Orson Welles no quiso ser un gran actor, ni si quiera un gran director. Lo que Orson intentó fue ser Shakespeare, y casi lo consiguió. Su seguimiento de Shakespeare fue una asunción de su densidad y desde muy pronto Orson da en todo su trabajo una dimensión, un fondo shakesperianos. La mirada del tercer hombre es la mirada de un personaje de Shakespeare, de varios reyes entreverados, es la razón del mal, que una vez razonado se hace humano, posible, trágico y casi necesario. Orson interpretaba siempre Shakespeare y la Viena de posguerra, se sale del tiempo, de la coyuntura del espacio y del tiempo, ascendiendo a la universalidad intemporal, mítica y siempre presente en la que Orson Welles y Shakespeare trabajaban.