| Dirección y guión: Carlos Saura. Países: Portugal y España. Año: 2007. Duración: 93 min. Intervenciones: Mariza, Camané, Carlos do Carmo, Chico Buarque, Caetano Veloso, Lila Downs, Toni Garrido, Lura, Miguel Poveda, Catarina Moura, Argentina Santos, Cuca Roseta. Producción: Ivan Dias, Luís Galvão Teles y Antonio Saura.
Fotografía: José Luis López-Linares. Vestuario: Isabel Branco. Montaje: Julia Juániz. Dirección artística: Laura Martínez.
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De antemano advierto ya que a quien no le guste el Fado no tiene nada que hacer con la última producción de Carlos Saura.
Desde Sevillanas (1992), pasando por Flamenco (1995), Tango, no me dejes nunca (1998), Salomé (2002) e Iberia (2005) Carlos Saura nos ha dado su visión de un musical latino alejado de la concepción del musical que prevalece. El suyo se muestra preciosista, sin artificios, estático y en el caso de Sevillanas, Flamenco o Tango convirtiendo a sus cantantes o bailarines en los verdaderos protagonistas dejando, consciente o no un legado que tiene el valor de la obra artística y del documento a partes iguales.
Montadas en un escenario, prescindiendo de la luz de la calle, de las historias que puedan unir unas canciones con otras, la fotografía de sus películas se han convertido en el sello, junto a la música y la danza de su obra musical.
Para ello ha contado como directores de fotografía con José Luis Alcaine, Vittorio Storaro, Teo Delgado y José Luis López- Linares. Éste último vuelve a tener a su cargo el preciosismo de la luz en Fados.
No se sale de este guión Carlos Saura para llevar a cabo su nueva aventura en Portugal. Fados parece ser un encargo con el que se pretende ofrecer una historia del fado que sirva para dejar constancia de las grandes voces del momento, aunque en el caso de los grandes como Amalia Rodríguez se recurren a imágenes de archivo para traerla hasta nosotros.
La cinta es un muestrario, una degustación en la que el neófito puede, de una tacada, saborear las increíbles voces de Mariza, Carlos do Carmo, Camané, Lila Downs, Lura, Caetano Veloso, Miguel Poveda…
Algunos momentos resultan fríos porque se trasladan bailes populares a un escenario impoluto que le resta el realismo del baile de las gentes sencillas. Pero cuando la voz emerge, potente, con la saudade como epicentro, todo esto se olvida.
Los cantantes, conocida la fama de Saura, parecen estar felices habiendo sido elegidos para participar y, sin duda, el paso a la posteridad está garantizado.
No parece que el director se haya esforzado mucho en plantear complicados movimientos de cámara y en muchos momentos se limita a un plano en el que se recoge la actuación del cantante sin ningún artificio. El respeto se deja sentir por lo que Fados se vuelve más ‘cinematográfica’ en las escenas de bailes y con los más jóvenes.
La advertencia ya está hecha, si te gusta el fado esta es tu película. Pero también lo es para el que sienta curiosidad, mi caso, que asistí a ella con recelo y me sentí embargado por esa manera de ver la vida donde todo parece plácido, filosófico y, sin embargo, debajo de esa impresión bulle todo un impresionante mundo de vivencias en las que el amor, la soledad, el pensamiento… no descansan.
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