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Con una conciencia claramente femenina a la hora de tomar posiciones literarias, Amparo Serrano de Haro ha dado forma a su segunda novela. Nocturno de Nueva York es el trabajo de una escritora joven, con una historia que contar, pero, sobre todo, con evidentes ganas de encontrar un estilo propio, su password literario. Y algo de esto salta a la vista en el texto. De cualquier forma, hay que empezar diciendo que el devenir de la trama-intriga (el triángulo amoroso entre la protagonista, su pareja y su madre) finalmente se acerca a lo más obvio del melodrama. Aún así, la línea del discurso apunta maneras, si no novedosas, al menos, sí inquietantes. La protagonista abandona Madrid y se traslada a Nueva York por diferentes motivos, pero sobre todo para –valga el tópico- encontrarse a sí misma. En esta especie de google dramático, la joven desvela las claves de su biografía –insisto, con un toque excesivo de melodrama- a través de una estilística gélida, distanciada y, a veces, casi cortante. El punto poético –alguna vez Loriga- de su prosa se cubre de un distanciamiento formal que acentúa la frialdad de su lirismo. Y es aquí, en esta serenidad hierática, donde la escritora exhibe con desahogo su pulsión literaria.
Con casi un siglo de diferencia, Djuna Barnes hace el camino contrario que el personaje ideado por Amparo Serrano. Barnes abandona Nueva York en plenos años veinte y se traslada a Europa. En su caso, a París. Se relacionará con la vanguardia de la época -Stain, Duchamp, Picasso, etc- y desde su carácter afilado, su feminismo enérgico y su lesbianismo decadente se acercará a la literatura. El vertedero, según la propia autora, es el mejor resumen de su narrativa breve; una colección de relatos donde el universo de sus personajes lo determina –como en el caso de Serrano- una atmósfera de distancia estilística. Sin embargo, Barnes se nutre también de un sarcasmo pausado y de una ironía militante que toma forma en una prosa seca, fría, premeditada y severa.
En fin, dos formas de literatura decididamente femenina; una, claramente cool; y la otra, arrogante y flemática. El Hombre Tranquilo
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