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(También las de amigos de los castillos europeos y las de amas de casa de Lima. Pero el tema que nos ocupa hoy es el orgasmo).
Ya en algún artículo anterior me referí al deseo que despierto cuando me muestro. La estrategia de mi ejército late en esos anuncios de las páginas más calientes de la red, que recorren ojos ávidos de orgasmos.
Soy mujer y militar. Necesito un hombre que me haga sentir mujer.
Busco rivales. Esgrimistas con los que desentumecer mi verbo, hombres a los que volver locos de deseo sólo con palabras. Unas veces soy un soldado con tetas y botas militares, otras una casada aburrida, algunas una jovencita viciosa… Da igual. Ellos caen en mis redes y terminan olvidándose del lugar en el que me conocieron, me esperan a las puertas de mi Messenger impacientes, me gusta hacerte reír; sinceros, tengo que confesarte algo. Ansían una palabra mía me encanta hablar contigo, podría pasarme horas y horas. Eres la mejor del chat.
Palabras.
Llegaron a mí buscando orgasmos.
El traje corporal doradito y mullido que me acompaña en mis incursiones a vuestro mundo, me ha enseñado que el orgasmo os es tan necesario como el aire que respiráis. Quizá las mujeres lo necesiten menos, ellas ya echan fuera los demonios menstruando.
El orgasmo es la luz al otro lado del túnel, el beso de la muerte, no ser y volver a ser.
Yo, que soy inmortal, me he dado cuenta de que es en el único momento que os acercáis a mi estado de ser incorpóreo.
Y, sin embargo, el orgasmo fácil que ofrece la red es la trampa en la que se hundirá vuestra especie.
Es la droga, el marasmo.
Sólo tienes que conectarte a cualquier chat para pasar un buen rato.
Dos buenos ratos.
Tres buenos ratos.
Ya no salgo. Aquí tengo todo lo que soñé alguna vez.
Ya no necesito otros cuerpos, porque las palabras o las imágenes me bastan para alcanzar el orgasmo.
Ya no entro en otros, ni otros entran en mí, ya no procreamos.
Los orgasmos serán algo individual e improductivo.
La red permite una promiscuidad desconocida para vosotros hasta ahora.
En el premio va implícita la trampa.
Imaginad alguien con una extraordinaria capacidad para seducir online.
Imaginad alguien capaz de despertar el deseo de miles, millones de personas a la vez.