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TEATRO > TEXTOS DRAMÁTICOS

La noche de los asesinos de José Triana
por Don Clorato

Cátedra. Madrid, 2001. 128 páginas

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Esta pieza teatral escrita en 1965 y galardonada con el Premio Casa de las Américas, otorgado en Cuba –de donde procede su autor, José Triana–, es un buen ejemplo de las manipulaciones ideológicas a las que se puede someter una obra literaria sin tener, la obra y su autor, responsabilidad alguna en tales manipulaciones.

El Premio Casa de las Américas –ganado, entre otros, por autores como el narrador peruano Alfredo Bryce Echenique y el poeta español Félix Grande– estaba auspiciado por el gobierno revolucionario de Fidel Castro y allá por los 60 recibirlo era un honor para cualquier escritor ilusionado por la experiencia de la Revolución –y por entonces eran muchos los que mantenían una ilusión que bien pronto se quebraría–. La obra de José Triana presentaba en escena a tres hermanos que fantaseaban con matar a sus padres, que los tenían ahogados, y en su fantasía construían un artefacto teatral inserto dentro de la propia obra dramática que el autor había elaborado. Esta experiencia metateatral hablaba del abuso de poder, sí, pero en un ámbito nada político y con un simbolismo que no parece tener una correspondencia real en la Cuba castrista. De hecho, recibió el premio revolucionario por excelencia. Sin embargo, las cosas pronto cambiaron. Castro decidió que toda obra literaria que no sirviera al progreso de la Revolución era contrarrevolucionaria. Esta obra, ciertamente no servía a la Revolución, aunque tampoco la atacaba. Simplemente hablaba de otras cosas, de temas más universales que los tejemanejes del gobierno castrista en sus primeros años. No obstante, según el razonamiento de las autoridades cubanas, esta obra, en tanto que no puesta al servicio de la Revolución, era contrarrevolucionaria y así fue colocada en la lista negra y su autor marginado, apartado de los círculos teatrales y presionado hasta el punto de tomar la decisión de abandonar la isla en 1980. De rebote, surgen voces opuestas a Castro que ven con una nitidez absoluta que debajo de la trama se oculta una visión del régimen cubano, una visión hasta cierto punto anticipatoria pues, aunque ya desde sus inicios se podía vislumbrar el rumbo que tomaría el gobierno castrista, es unos pocos años después cuando el famoso caso Padilla y otros acontecimientos siniestros hacen que la mayoría de los intelectuales cubanos, latinoamericanos y del resto del planeta, rompan con Castro, aunque no con Cuba.

En fin, que de repente esta pieza se convirtió en una fabula que definía a la perfección, aunque de modo simbólico la dictadura castrista. Así lo vieron unos y otros. Por suerte, este drama tuvo un éxito apoteósico e internacional antes de que todo esto ocurriera. Si no hubiera sido así, sobrevolaría sobre él inevitablemente la sombra de la duda acerca de su calidad. La calidad le sobra, aunque uno no ve lo que otros quieren ver en ella.

Lo que ofrece La noche de los asesinos es un juego dramático desarrollado en torno a una serie de temas habituales en el teatro de todos los tiempos, fundamentalmente el conflicto entre distintas generaciones, acompañado de un odio exacerbado al padre y a la madre que, no hace falta decirlo, está en el teatro desde sus orígenes. Los tres hermanos se transforman en actores que interpretan a sus padres, a personas vinculadas al imaginado parricidio y a sí mismos y montan ese teatro dentro del teatro en un sótano, un espacio asfixiante que recuerda a algunas obras del teatro francés contemporáneo, teatro del que bebe mucho y muy bien el dramaturgo en esta pieza: Genet, Sartre, Artaud...

En fin, un texto impecable, de carácter universal que, en tanto que trata del abuso de poder paterno y de la opresión de unos vástagos, se puede ver como símbolo de la realidad, pero ya es mucho decir que sea correspondencia ficticia de una realidad concreta y cercana al autor. Dejemos que los textos vuelen libremente si es lo que quieren. La noche de los asesinos consigue un vuelo largo, que continuará cuando las polémicas se diluyan bajo la tierra que habrá de cubrir a sus protagonistas.

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