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TEATRO > CERVANTES INGENIO

La casa de los celos
por López Pinciano

Tras la lectura de esta comedia, aún no recuperados del estupor, o quizá cabría decir del espanto, leemos lo que el erudito Francisco Ynduráin dijo de ella en su edición de las Obras dramáticas para la Biblioteca de Autores Españoles y nos encontramos con que su opinión es mucho más demoledora que la nuestra. Según el profesor Ynduráin, no hay nada que pueda salvar este texto de la más absoluta repulsa. Esta opinión nos consuela un poco, pues aquí nos hemos propuesto comentar todas las piezas teatrales de Cervantes y nos pesa hablar de despropósitos del calibre de La casa de los celos y selvas de Ardenia. Aunque esto también demuestra que el autor más brillante –en el ámbito teatral encontramos dentro de la producción cervantina maravillas como los Entremeses o interesantes propuestas como Los tratos de Argel– puede legar a la posteridad los mayores sinsentidos literarios.

También hay que decir que, con un texto menos soporífero, un conflicto de más peso –éste se eleva como una pluma, es una nadería suprema–, una estructura más ágil y, lo que es más importante, en el siglo XXI, esta obra pasaría por un fabuloso ejercicio de posmodernidad. Porque juntar a los personajes de la Chanson de Roland, el mago Merlín y Bernardo del Carpio con unos pastores dignos de la peor égloga, un rústico, un vizcaíno y una pandilla de alegorías en una comedia de magia llena de trucos de tramoya es toda una audacia que hoy merecería una tormenta de aplausos. Pero en el Siglo de Oro esto no hay por dónde cogerlo y hoy en día el asunto, con una confusión asombrosa de amor, celos, honor y vasallaje; el lenguaje, incomprensible; la métrica, con un abuso total del endecasílabo, y el ritmo de la trama no producen más que una indigestión.

Mientras que hay que lamentarse de que algunos textos dramáticos del manco de Lepanto –por cierto, lean la estupenda novela en la que la escritora mexicana Carmen Boullosa ha juntado a Cervantes y su personaje de la gitanilla en la famosa batalla contra los turcos: La otra mano de Lepanto; es una buena manera de celebrar el año del Quijote– apenas hayan sido representados y su lectura se olvide en favor de otras más caballerescas, en este caso, como señala también el profesor Ynduráin, no hay nada que hacer. Si a alguien se le ocurre producir un montaje arqueológico de esta comedia u obligar a su lectura en algún colegio o facultad, estará infligiendo un daño enorme al pobre Cervantes, pues los posibles espectadores o lectores huirán despavoridos del autor y no volverán a acercarse a él en su vida. La casa de los celos en un suplicio que ni los más insignes cervantistas pueden soportar.