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MONOGRÁFICO
> FAMILIA Y CINE
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Celebración
por Javier Paisano
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| Título Original: Festen. Director: Thomas Vinterberg. País: Dinamarca. Año: 1998. Duración: 106 minutos. Guión: Thomas Vinterberg y Mogens Rukov. Intérpretes: Ulrich Thomsen, Henning Moritzen, Thomas Bo Larsen, Paprika Steen, Birthe Neumann, Trine Dyrholm, Helle Dolleris, Therese Glahn y Klaus Bondam. Producción: Birgitte Hald. Fotografía: Anthony Dod Mantle. Montaje: Valdis Oskardóttir. Sonido: Morten Hola.
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El movimiento Dogma parece haber acabado. Que ¿qué es el movimiento Dogma? Bueno, es posible que alguien se lo pregunte porque realmente ha tenido una vigencia muy corta. Una breve explicación no viene mal.
En 1975, los daneses Thomas Vinterberg y Lars Von Trier fundaron el movimiento Dogma 95. Ambos redactaron el manifiesto y las reglas conocidas como Voto de Castidad. Vinterberg fue el primero en inaugurar el movimiento Dogma. Sus señas de identidad consistían en otorgar la máxima importancia al guión y a los actores dando una menor relevancia a la fotografía y, sobre todo, nada de efectos especiales. Es decir, entornos naturales y cámara en mano, una especie de Neorrealismo a la danesa. No debía haber iluminación específica para rodar y el maquillaje y el vestuario debían aportarlo los mismos intérpretes.
Básicamente era esto. Huir de todo lo superfluo. Para los amantes del cine espectáculo, el Dogma suponía una barbaridad, un ataque. Para los europeos que se veían imposibilitados en poder rodar sus ideas fue un generoso soplo de aire fresco que dio un buen número de películas de altísima calidad, aunque la parte técnica no había sido muy cuidada (expresamente no cuidada, claro).
Una de las primeras películas fue Celebración de Thomas Vinterberg, un joven de 28 años (durante el rodaje) que realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca y había recibido numerosos premios en festivales internacionales por sus cortometrajes El último asalto y Los chicos que andaban hacia atrás.
Su debut como director de largometrajes fue con Héroes, película premiada en Rouen y Madrid. Pero fue Celebración, su segundo largo, el que le lanzó como precursor del Dogma y, también, lo convirtió en uno de los directores más aclamados. Celebración obtuvo el Premio especial del jurado de Cannes 98.
La película gira en torno a una reunión familiar con motivo del sesenta aniversario del cabeza de familia. Se trataban las mentiras y la hipocresía de una familia burguesa y convencional. En el mejor estilo Tennessee Williams la familia se encuentra con que uno de los hijos decide tirar de la manta y sacar todos los trapos sucios que, sobre todo, el padre ha guardado hasta ahora. No vale la pena contar más del argumento para dar la oportunidad a quien no la ha visto a que disfrute con ella.
La idea de familia como algo estable salta por los aires de tal manera, que parece que una bomba atómica haya caído en la casa que celebraba el cumpleaños del patriarca.
Con una interpretación que roza la genialidad toda la película tiene un tinte de comedia trufada con thriller, que hace que vivamos con verdadero suspense cada una de las apariciones del hijo abriendo la caja de Pandora.
La célula más pequeña pero más decisiva de la sociedad, la familia, sale muy mal parada de esta cinta que destruye, en la línea de tantos cineastas que antes han tratado el mismo tema, cualquier atisbo de compresión frente a las relaciones que se establecen entre padres e hijos, esposos y mujeres, hermanos y hermanas.
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