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Dicen que los ambiciosos nunca están satisfechos.
Pero la ambición no es la única causa de ese síndrome que nos hace insaciables.
Un profesor de escuela puede estar insatisfecho sobre sus explicaciones porque los alumnos no le entienden. Un barrendero puede no estar satisfecho con la calidad de la educación que se imparte en las escuelas. Un ministro de Educación y Cultura puede sentir insatisfacción cuando ve llegar el coche del presidente del Gobierno. Un presidente de Gobierno puede tener una vida sexual insatisfactoria.
La insatisfacción es un bucle omnívoro que se alimenta tanto del fracaso como del éxito. Quien va de fracaso en fracaso respirará insatisfacción hasta en la manera de sentarse. Quien ha probado las mieles del éxito, querrá repetir. Sólo quienes se resignen con lo que son, lo que hacen y lo que tienen, están libres de insatisfacción.
Y de emociones
de aventura
de poesía
de miedo.
Quizá de vida.
Que 2005 venga cargado de insatisfacciones para todos.