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El viaje es en sí un género cinematográfico. Las ‘road movies’ o películas de carretera puestas de moda a partir del libro de Jack Kerouac, On the road, se han convertido desde los setenta en una constante del cine americano que el resto de países han adoptado sin problemas.
Pero el viaje, no sólo físico, está presente en miles de películas. La expresión ‘viaje iniciático’ que tantas veces viene en nuestra ayuda cuando queremos expresar que una cinta nos cuenta las primeras experiencias de uno o varios personajes es una prueba de ello.
El último trabajo del director portugués Manoel de Oliveira, Una película hablada reúne en sí misma una buena porción de posibilidades en torno al viaje. Una joven profesora realiza un crucero junto a su hija pequeña que parte desde Lisboa y que tiene como último destino la ciudad de Bombay.
De esta manera, Oliveira nos sumerge en un viaje no sólo a través del Mediterráneo (no vemos la última parada del barco) sino a través del tiempo. La profesora (Leonor Silveira) no es un personaje de ficción propiamente dicho, es el hilo conductor de una narración que abarca las culturas portuguesa, francesa, italiana, griega y egipcia.
Como si asistiéramos a un documental, la madre cuenta historia tras historia a su hija pequeña (metáfora de los espectadores) los principios de la cultura occidental.
Suavemente, Oliveira recorre el Mediterráneo, apoyando la cultura greco-latina frente a la anglosajona y en cada puerto recoge a una dama de la interpretación europea, Catherine Deneuve, Stefania Sandrelli e Irene Papas. Las tres, orquestadas por John Malkovich (el capitán del barco) realizan un juego de espejos en el que se interpretan a sí mismas aparentando ser personajes. Delicioso homenaje el que el octogenario director realiza a la Mujer que toma cuerpo en este ´trío de gracias`, de bellezas serenas, de inteligencias probadas.
El hombre sale mal parado. John Malkovich representa a la otra mitad de la población y, además, es americano. La conversación que mantiene con las tres se convierte en una derrota continua porque no le sirven ni su condescendencia ni su exagerado flirteo ante tres mujeres fuertes que a pesar de expresar (o gracias a ello) sus fracasos y sus derrotas se enfrentan al hombre sin complejos y seguras de sí mismas.
Manoel de Oliveira es un maestro, sutil pero implacablemente va repasando la realidad europea. La conversación se realiza en francés, italiano, griego, inglés y portugués. Como una torre de Babel mítica, pero al contrario, los interlocutores se entienden perfectamente. ¡Qué manera más simple de reivindicar las raíces!.
Una película hablada, enmascarada en un anuncio de agencia de viajes, es muy ambiciosa. Tanto, que se atreve a cuestionar en 96 minutos la política de la Unión Europea, el integrismo islámico, la necesidad (¡para que el mundo no se destruya!) de que la mujer tome el poder. Todo esto en una simple conversación a cargo de tres de las actrices tótem del cine europeo (lástima que España, y el español, no estén representados por una Carmen Maura o una Victoria Abril).
Del final no puedo adelantar nada porque es tan sorprendente que cualquier indicio rompería el efecto que persigue. Me recordó a Buñuel en Ese oscuro objeto del deseo, ni siquiera puedo explicar cuándo porque daría pistas. Simplemente me atrevo a admitir que Manoel de Oliveira adquiere, con este final, tal clarividencia que me produjo cierto miedo, y la aceptación de estar ante un genio. Nunca unas imágenes (y aquí no hay diálogo) pueden expresar tamaño desamparo y horror.
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