Bonita manera de dar tu opinión sobre muchos temas a la vez. El diccionario de autores es un género poco desarrollado en España, aunque la misma editorial Planeta cuenta con una colección propia que trata las siguientes disciplinas: Historia (José María Valverde), Política (Eduardo Haro Tecglen), Filosofía (Fernando Savater), Literatura (Francisco Umbral), Arte (Félix de Azúa), Espíritu (Eugenio Trías),Ciencia (José Manuel Sánchez Ron), Ética (Javier Sádaba), entre otros.
El Diccionario de Cine de Fernando Trueba es, ante todo, ameno. El director, ganador de un Oscar por Belle Èpoque, pone de manifiesto en su escritura lo que ya conocíamos por su cine: un divertido desparpajo a la hora de expresar su opinión sobre cualquier tema, ya sea profundo o liviano.
Antes de ser director de cine Fernando Trueba ejerció la crítica cinematográfica durante cinco años. Conocedor, por tanto, del mundo cinematográfico desde la barrera y desde el ruedo, Trueba, con bastante sorna, se convierte en un ´opinador` de temas previamente elegidos por él mismo. Y demuestra tener un inmenso sentido del humor, por momentos cercanos al chiste, a la par que un profundo conocimiento enciclopédico sobre películas y directores.
El estilo de Trueba se aleja voluntariamente de lo erudito y se refugia en el sentido común y en el comentario con los amigos, lo que convierte este Diccionario de Cine en una lectura atractiva y ágil que, a pesar de sus más de trescientas páginas, se devora con absoluta rapidez.
El libro pasa de opinión personal ´Con el tiempo aprendí que la película no es la que soñaste, sino la que haces, y descubrí que uno la hace precisamente por eso: para saber cómo son, para ser el primero en verlas`, al artículo sesudo sobre una producción o un director que puede ocupar de dos a tres páginas, como cuando se refiere a Billy Wilder por el que demuestra una absoluta veneración o por Truffaut del que lamenta no haberlo conocido y se consuela con que algún día ´dormiremos juntos en los diccionarios`
Fernando Trueba, con sus comentarios jocosos, juega a ser un enfant terrible.Sobre todo cuando arremete contra la profesión de los críticos profesionales. Sin embargo, ahí se contradice cuando él mismo realiza extensos comentarios sobre las películas que más le han conmovido.
Rehúye como gato escaldado toda afinidad con un mundo intelectual, mientras que a medida que se avanza la lectura vamos descubriendo a un autor perfectamente documentado y grave que aborda el mundo del cine con toda seriedad.
El Diccionario de Cine de Trueba cumple de sobra la doble tarea de informar y divertir. La biografías de los personajes recogen anécdotas que dejan entrever el enorme trabajo de recopilación que hay detrás de este volumen que a primera vista parece ser un compendio de simples opiniones. Muy al contrario, y lo demuestran los dos últimos apéndices del libro, una extensa bibliografía y una relación de películas que resultan imprescindibles para adentrarse y disfrutar del mundo del cine.
Aunque Fernando Trueba se aleja del ´monolitismo` reflejado, sobre todo, por el tono jocoso del diccionario, no descarta opinar tajantemente sobre lo que le gusta y sobre lo que odia.
Trueba ama el cine, y ama la comedia clásica americana de la que Lubitsch y Billy Wilder son sus mayores representantes. El amor por el cine europeo y otras cinematografías está diluido y casi no aparece salvo cuando se refiere a Truffaut o a Renoir.
Diccionario de Cine de Fernando Trueba es la mejor ocasión para conocer las opiniones de uno de nuestros mejores directores, para documentarnos con sus artículos y para disfrutar con el humor socarrón y lúcido de un admirador de Groucho Marx.
Os dejo con una muestra:
BELLEZA. Toda mi vida he sido un defensor de las actrices –y los actores- guapos. Por lo que siempre he considerado que Cary Grant y John Wayne eran mejores actores (de cine) que Charles Laughton y Laurence Olivier. Y que Ginger Rogers y Marilyn Monroe eran mejores actrices (de cine) que Ana Magnani y Glenda Jackson. Siempre he creído que ésta era una de las diferencias capitales del cine con el teatro. Y pienso esto porque creo que una de las razones por las que se va al cine, por las que el cine ha sobrevivido, y lo seguirá haciendo a todos sus competidores tecnológicos –la mayoría simples vampiros que se nutren de él- , por los siglos de los siglos, es porque al cine uno va a enamorarse. La sala oscura es el templo de la poligamia y uno de los antros mejores para pecar con el pensamiento que la mente humana ha podido concebir
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