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TEATRO > TEXTOS DRAMÁTICOS

Gregorio y yo
por Don Clorato

Autora: María Martínez Sierra.
Editorial: Pre-textos. Valencia, 2000. 398 páginas

A partir del año 2009 puedes seguir leyéndonos en Proscritosblog

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La posteridad, ese panteón metafórico de hombres y mujeres ilustres, es especialmente cruel, dentro de los literatos, con los dramaturgos. Quizás se deba a que muchos de ellos gozaron del éxito en vida y por eso se les ha negado tras su muerte. El caso es que, si pronto se ha olvidado a un dramaturgo como Gregorio Martínez Sierra, escritor modernista, empresario y gran escenógrafo, con mayor facilidad y rapidez se destierra de la memoria a su mujer, María de la O Lejárraga, feminista, socialista, traductora, mujer deslumbrante y, según ella cuenta, autora de prácticamente todo lo que su esposo firmó.

Este caso desató una cierta polémica –mínima, no se vayan a confundir; la cultura por sí sola no levanta demasiada polvareda– porque, aunque hace cincuenta años que María Martínez Sierra –así quiere ella que se la recuerde– contó en dos libros autobiográficos la historia de su autoría, el hecho de haber sido una mujer significada durante la República y una insigne exiliada hizo que esta historia se silenciase, así como su nombre, durante la dictadura franquista y que más tarde, durante la Transición y la Democracia, no se le diese importancia hasta hace apenas un lustro y de mano de los cultural studies norteamericanos, que gustan mucho de estas cosas y, como aquí se demuestra, sirven a veces para algo.

No vamos a entrar en la polémica de si es o no del todo cierto lo que María Martínez Sierra cuenta en Gregorio y yo y Una mujer por los caminos de España. Vamos a hablar del primero de los libros, que la nunca suficientemente elogiada Pre-textos dio a conocer al público medio siglo después de que se publicase por primera vez –y teniendo en cuenta que el libro habla de medio siglo de colaboraciones, la suma nos da cien años, todo el siglo XX, desde que María y Gregorio comenzaron a colaborar, ella, según parece, poniendo el talento y él las relaciones públicas–. Gregorio y yo es un volumen de memorias cogidas al vuelo del recuerdo, con datos erróneos –la autora se dejó atrás sus documentos en el destierro y la editora, Alda Blanco, se encarga de señalar todos los errores hasta el punto de equivocarse y de agotar la paciencia del lector–, pero con sentimientos ciertos y, lo que nos interesa en una sección como ésta, un retrato enormemente interesante del ambiente teatral desde el 98 hasta los años 20. María habla de amigos escritores y músicos, de obras y de montajes con su estilo algo engolado pero brillante en su léxico y su belleza expresiva. Gregorio y yo es un libro que se disfruta, que desprende el aroma que posee la alegría de vivir, pero que también deja un poso de amargura, pues aunque la autora ha decidido contar sólo las ‘horas serenas’, es decir, las cosas buenas –los viajes, los éxitos, la amistad y el amor–, se atisba en el fondo de sus palabras todo el sufrimiento del desamor, de la guerra y de la impotencia de haber dedicado durante años todo su talento a la figura de su marido y que no se reconozca ese ímprobo esfuerzo.

Hay que decir que el libro se titula Gregorio y yo, pero que podría perfectamente encabezarse con el título Yo sin Gregorio, ya que lo que más se ve es la ausencia del marido, el trabajo y los viajes en solitario, las relaciones a dos con los amigos músicos y escritores. En fin, la soledad de María durante tantos años. Este libro es una joya por su prosa, un placer por lo que se cuenta y un texto necesario para descubrir a una mujer de talento y personalidad superior a la de muchos grandes hombres de su tiempo. Confío en que no me haya salido una reseña demasiado Rafael Conte.

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