El pequeño Truman era malévolo y tierno, un niño ambicioso que acabó mal.
Podríamos hablar de la gloria mundana y del éxito precoz del pequeño Truman. De sus viajes al Marruecos divino, borracho y sodomita de los intelectuales,
de su estrellato en la televisión, inventando el estereotipo del gay televisivo -fino y perverso- que hoy tanto y tan mal prolifera, de su intimidad con la aristocracia de nueva York y con las estrellas de Hollywood, pero todo eso nos robaría al Capote Proscrito.
El Capote Proscrito es un niño de extremada agudeza y sensibilidad al que la vida empieza a darle patadas en la espinilla muy pronto. A los seis años, sus padres se divorcian y pasa a vivir de prestado en casa de la familia materna. Es hijo del error de una madre adolescente, y ha vivido el
fracaso continuo en los negocios de su padre.
Tras el segundo matrimonio de la madre, el chico se rehace, toma el apellido del padrastro, y progresa rápidamente. Destaca desde sus primeras redacciones escolares como un escritor seguro y da el pelotazo con su primera novela a los 24 años, que le convierte en el niño mimado de la crítica. Empieza la gran vida, pero tres años después su madre se suicida y su padrastro es encarcelado. Truman será un genio a la deriva,atormentado, que bajo la capa de la cruel frivolidad mundana esconde una profunda
compasión por los perdedores. Él tiene un fondo de perdedor.
En el año 59, cuando el escritor tiene 35, se embarca en el que será el
gran proyecto de su vida, el que le dará el pasaporte al Olimpo de los clásicos contemporáneos, pero acabará destruyendo su ánimo para siempre. Se trata de la novela A sangre fría, con la que inaugura el género de la no ficción. Un extenso reportaje novelado sobre el asesinato de una familia de granjeros a manos de dos jóvenes. Un robo que se complica y acaba en un baño de sangre demencial. Truman viaja al lugar de los hechos y accede a entrevistar a
los asesinos, enamorándose de uno de ellos. Se ha dicho que es una novela en contra de la pena de muerte, sin serlo. Sí lo fue la versión
cinematográfica dirigida por Richard Brooks. Pero la novela trasciende el alegato, y alcanza la grandeza de la imparcialidad. Mostrando las
debilidades y los tristes antecedentes de los asesinos, el lector se compadece de su ajusticiamiento, pero no se indigna. La fuerza de Capote es mostrar la vida tal cual es, contradictoria y cruel, sin objetivo, en la
que todos son víctimas de todos. El mismo destino que maltrató a los asesinos, haciéndoles desear lo que nunca tendrían, les llevó al rancho a asesinar estúpidamente a los ricos granjeros, y les condujo a la horca.
Capote tarda cinco años en escribir la novela. Y se deja en ella la vida.Al terminarla tiene la convicción de haberse convertido en el mejor escritor
de su tiempo y ser el padre de un nuevo género. Espera, por el ello el Pullitzer. Pero le dan el Pullitzer a Norman Mailer, precisamente por otra
novela de no ficción. Capote no lo superará nunca.
A Capote le queda algo menos de veinte años de vida, en los que su talento
naufraga en un mar de alcohol y fármacos, de desprecio y decadencia. No volverá a escribir otra gran novela. Sólo está a su propia altura el
recopilatorio de Música para camaleones, que es a la vez una prueba de su maestría y su capacidad de observación, como el reconocimiento de su incapacidad para pergeñar obras de mayor envergadura. El niño malvado es ahora un marica gordito y un poco ridículo, que pierde el tiempo en estar al tanto de las estúpidas perversiones de la alta sociedad de Nueva York. Se ha
convertido en ese caniche comecoños que dormita en el regazo de las grandes damas, escuchando confidencias, y comete el gran error de su vida cuando cree que ese material puede convertirse en alta literatura. Tiene la certidumbre de haber producido una obra escasa y fragmentaria, y hacia el final de su vida piensa en crear su segunda gran obra. Esta vez no buscará la épica de la América profunda, sino que se conformará con los chismes que lleva años recogiendo. Tiene el propósito de convertirse en el Proust de
la Quinta Avenida y fracasa. No llega a concluir el libro Plegarias atendidas y la publicación de los primeros capítulos en revistas le valen el desprecio de la crítica -que ve que está acabado- y el destierro por parte de la
alta sociedad a la que ha traicionado. Efectivamente, como él mismo dice: ´La vida es una buena obra de teatro con un tercer acto mal escrito`.
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