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Es el nuevo niño mimado de Jorge Herralde. Guillermo Fadanelli (México-1963) ejercita el innoble arte de vivir en el límite. En las entrevistas le gusta dejar bien claro su devenir vital por diferentes ciudades del mundo y por los empleos más surreales. De hecho, la solapa biográfica es un buen ejemplo de cosmopolitismo geográfico, urbano y laboral. Algo así como la versión mexicana de la next-generation. Ahora, eso sí, la violencia de su discurso y la rabia de sus personajes son verdaderos. No estamos ante un escritor que se dedica a festejar los bajos fondos como forma de rabieta y pataleo generacional. No estamos ante un escritor entregado a lo sórdido como moda literaria. No estamos ante un escritor al que le gusta impresionar con balazos, sangre y prostitución barriobajera.
La literatura de Fadanelli se nutre de una rabia y de un vigor a años luz del malditismo de diseño. La historia de un crío que se acerca peligrosamente a la delincuencia es contada por Fadanelli con la tensión suficiente como para alterar el ánimo del lector. Literatura urbana cuando la ciudad es sólo una bocanada de basura. En fin, la violencia como forma de evolución. Unos personajes condenados o voluntariamente condenados al furor diabólico de la ciudad. Y todo ello, con un discurso sin preciosismos artificiales ni pretenciosidades arrebatadas. Es decir, una prosa sencilla, eficaz, pero, por encima de todo, venenosa. ´¿Escribo como hablo? No, escribo como escupo`. Hay que seguir los pasos de Fadanelli: emoción en la mesa de novedades.
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