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La ópera, lejos de ser esa disciplina caduca a la que sólo atienden, por elitismo social, unos cuantos burgueses y algún que otro melómano, es una forma de arte casi total que, cuando menos, combina música y teatro y que ha producido algunas de las obras más hermosas de este mundo. La asistencia a una representación operística se hace además casi necesaria para admirar este arte, aunque, en vista de ciertas dificultades –económicas y físicas–, un disco o un DVD pueden sustituir el placer y crear afición.
Los mínimamente aficionados a este género saben que en los libretos de las grabaciones discográficas es harto difícil encontrarse la traducción al castellano. Sí la suele haber al francés, al inglés o incluso al alemán. El que chapurree alguno de estos idiomas puede seguir con facilidad una ópera italiana o rusa, por ejemplo, pues, salvo los recitativos, el discurso corre con lentitud –ya que éste está en función del canto–. No viene mal sin embargo poder comparar el texto original con su traducción al idioma del oyente, ya que así se pueden captar detalles poéticos que se escapan en una traducción indirecta. Aquí es donde entran los programas de lujo de los montajes, que suelen incluir el libreto en edición bilingüe.
Así sucede con los del Teatro Real, que constituyen –como muchos textos de editoriales institucionales– ediciones ejemplares a un precio excepcional. En este caso, y dependiendo de la temporada, se pueden encontrar los programas de las óperas en un formato vertical y papel satinado de gran calidad por 9 ó 10 euros. Estos programas, además de todos los datos del montaje, la orquesta y fotos de los ensayos, tienen tres bloques fundamentales: el libreto ya mencionado, en el idioma original y en castellano; una serie de estudios musicales y literarios y de lecturas sobre la obra en cuestión, y las biografías de los principales intérpretes y los directores musical, artístico y del coro. Lo primero está conformando una biblioteca indispensable de libretos operísticos, poco presentes en nuestro mercado editorial; lo segundo está aumentando de manera considerable –cuantitativa y cualitativamente– la bibliografía crítica sobre el género lírico en España, y lo tercero está creando una base documental de biografías que puede ser el punto de partida para un panorama de la escena operística madrileña, nacional e incluso internacional, dada la relevancia de este teatro –cuyos muchos defectos, por otra parte, no se ocultan a los ojos de un buen observador–. Tenemos, así, en una misma colección joyas como la Tetralogía wagneriana traducida por Miguel Sáenz, la versión –casi igual a la teatral– del Pelléas et Mélisande de Maeterlinck, las refundiciones concisas pero literarias de populares novelas en Manon Lescaut o La Bohème y los estudios que describen cómo Verdi se apropió de dramas románticos españoles y los transformó en óperas legendarias de la mano de sus libretistas.
Una buena muestra de todo esto es el programa de Così fan tutte (1790), drama giocoso de Wolfgang Amadeus Mozart. Lo es por varias razones. En primer lugar, el texto es de Lorenzo da Ponte, uno de los libretistas más relevantes del siglo XVIII, que llegó a trabajar con el compositor español Vicente Martín y Soler. El libreto es además interesante para analizar el género. Por otro lado, el montaje del Teatro Real fue dirigido artísticamente por Josep Maria Flotats, de cuyo prestigio y talento como actor no cabe hacer ningún comentario, y musicalmente por Jesús López Cobos, en lo que fue una prueba de fuego para que aceptara el puesto de director musical del teatro y conductor de la Orquesta Sinfónica de Madrid. El montaje fue algo discutido, aunque no la ejecución. En cualquier caso fue un acontecimiento importante y el fin de una etapa en el coliseo, con Juan Cambreleng de gerente, que vino a ser a la ópera lo que la estancia de Pérez Puig en el Español al teatro; es decir, un periodo turbulento.
El libreto de Lorenzo da Ponte es un prodigio de concisión y estructura. Plantea varias ideas filosóficas –con una perspectiva relativamente misógina– en réplicas breves y llenas de poesía, en algunos casos teñida de humor. Establece un paralelismo estructural entre el primer acto y el segundo y crea unas inteligentes simetrías con los personajes, unos tipos a los que no puede evitar dar un leve toque de personalidad. Tras esta delicia sentimental, escrita en un momento en el que los ambientes y formas que presenta estaban en decadencia, viene una serie de estudios que iluminan aspectos musicales, literarios, de la historia del texto y de la biografía de Mozart durante la gestación de la obra, un año antes de morir y con problemas económicos y maritales.
Tras una selección discográfica en la que se echa de menos un comentario de las grabaciones de referencia, nos topamos con el bloque de lecturas, que incluye antecedentes literarios del argumento –Cervantes y Bocaccio, nada menos–, cartas de Mozart o críticas de la obra en su estreno, entre otras cosas. El volumen concluye con las biografías y el equipo técnico y artístico que ha participado en el montaje –más de un centenar de personas–. Todo ello está aderezado con fotografías de los ensayos, grabados que aluden a la ópera e ilustraciones de Watteau y Fragonard.
No se puede negar que la relación entre lo que el título ofrece y lo que cuesta es generosa. Tenemos que tragarnos algunos anuncios, algo a lo que no estamos acostumbrados en un libro y que se podía circunscribir al programa de mano que se da gratuitamente en el teatro. Pero esto es un mal menor frente a la posibilidad de disfrutar de magníficos libretos de ópera como éste de Così fan tutte, piezas que, aunque no suelen alcanzar el nivel de los clásicos teatrales, deben insertarse plenamente en el corpus de la literatura dramática universal.
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