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MONOGRÁFICO
> LA CRÍTICA Y EL SEXO
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Baja el erotismo, sigue el sexo
por Ernesto Bark
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Las dos últimas ediciones del premio de La sonrisa vertical han quedado desiertas. Ni una sola de las novelas a concurso logró estimular al jurado como para merecer el galardón. En un contexto en el que la editorial convocante de cada certamen tiene lógico interés en otorgar el premio, que actúa como medio de promoción, hay que aplaudir el criterio de los gestores de este premio, el nivel de los candidatos debía de ser verdaderamente bajo.
Es decir, la literatura erótica, tras unos 80 dorados ha ido perdiendo fuerza en los 90, y ahora, ya no atrae al talento, que se pasa a otros géneros de la novela. Una de las razones puede estar en la normalización del sexo en nuestra sociedad, de forma que es ya un tema más dentro de cualquier novela, sin necesidad de recluirse en un subgénero. Otra posibilidad es que el éxito del subgénero erótico no se debiera a la aparición en los 80 de buenas novelas que crearan un cultivo de buenos lectores exigentes, sino una prueba más del furor adolescente que sacudió a la sociedad. Eran libros que a las pocas páginas se comenzaban a leer con una sola mano y aquellos lectores no acudían a ellas por interés literario y, por tanto, pasados los picores de la edad, no han seguido leyendo el subgénero.
Creemos que ambas posibilidades se han combinado para llegar al actual ocaso del erotismo literario. Y nos queda la duda, incluso, de que el erotismo haya sido alguna vez del interés de un público numeroso. Lo que interesaba era el sexo, y más aun, la novedad de ver cómo éste se hacía explícito, incluso más que la excitación sexual se trataba de una excitación sociológica. Un último coletazo del destape.
El negocio ahora es la pornografía, en cualquiera de sus formas. Pero la industria editorial, que vendía aquellas novelitas pornográficas bajo el palio del erotismo y el barniz del prestigio cultural, no ha querido entrar abiertamente en la explicitud atlética del fornicio puro y duro. El erotismo, que quizá nunca fue, debería reposicionarse en franca y abierta pornografía –la pornografía cuanto más abierta mejor, claro- para volver a ser negocio.
Es el caso de esos detestables cómics japoneses, de adolescentes violadas y vergas asesinas, cuyas tiradas mundiales no bajan del millón de ejemplares . Su análogo novelesco podría llegar a ser igual de popular. Y ya lo es, de hecho. No hay más que recordar los dos pelotazos sexoeditoriales de este año: el de la francesa que quería ser puta y el de la adolescente italiana furiosa. Dos novelitas morbosas que han explotado el porno desde el punto de vista feminista como última forma de provocación del lector. Un feminismo de primer término, que da la vuelta al calcetín de la falocracia para exhibir la clitoricracia, con igual agresividad. Un invento ya viejo, pero que provoca una gran curiosidad popular, lo que se llama un fenómeno.
Y aún queda un último filón, el de la explicitud homosexual, un subsubgénero en la encrucijada entre la novela rosa, el orgullazo gay y el despelote, que sigue creciendo y pronto puede dar el salto del gueto de las librerías y editoriales homosexuales a las generalistas. Tal vez ya lo ha dado. Como otros ejemplos, un caso de oferta complementaria de las tendencias de la moda.
El sexo editorial, como vemos, sigue siendo un fenómeno sociológico. Y el erotismo, caídas las últimas máscaras, ha perdido su antigua utilidad de envoltorio respetable dentro del que el lector iba en busca de los genitales, hasta encontrar sus propios genitales.
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