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LITERATURA
> COLABORACIONES PROSCRITAS
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Opera flamenca
por Carlos Barbarito
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Autor: Guillermo Pilía. Editorial: Hespérides, La Plata, 2003.
A partir del año 2009 puedes seguir leyéndonos en Proscritosblog
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Guillermo Pilía recorre, por enésima y primera vez, el mundo de la infancia. De nuevo voy a hablar de una poesía trabajada, pulida, que esconde bajo su serena superficie, una gran carga de angustia. Pocas veces antes me encontré con una descripción tan descarnada de la niñez, sin golpes bajos, y digo descarnada porque si aquí algo hay es sinceridad, profunda verdad, un diálogo franco y sin disimulos con el lector. Ya de entrada unos versos Yo estaba acostumbrado en esos días/ a dormir sin temor junto a los muertos/y me había olvidado –o ignoraba- las formas de habitar entre los vivos, ) me sorprendieron. No estaba, lo supe desde el comienzo, en los dominios de una infancia edulcorada y llana, estaba ante una infancia enfermiza, con un mal de nacimiento.
El libro de Pilía es una larga y dura travesía hacia la sanidad. La imagen es clara: desde la compañía de los muertos hasta la anchura y luminosidad de la vida. Desde el encierro, el ocultarse, las bandadas de murciélagos en el parque hasta lo que bulle, late y pronuncia milagros. Como Lazzaroni, como yo mismo, Pilía encuentra la llave en las palabras y lo dice de un modo convincente, certero: Y sin palabras –se ha dicho- no existe / vida o muerte: sólo vértigo o miedo.
Un aspecto que no quiero pasar por alto en la obra del poeta es su permanente inventario de los objetos que habitan en sus recuerdos. Cito algunos pocos: el zumbar de los mosquitos, la brasa del piretro, la albahaca, la goma negra de un gotero, los fósforos de cera, los grillos, las perchas, las cigarras. Todo dentro del mundo que era la casa, grande como el mundo, sin conciencia y sin relojes. Una casa que parece ahora sepultada y sin embargo reaparece en los sueños, en el poema, en las fugaces visiones mientras se pasea por la calle. Pilía parece decirnos –parafraseando a Kavafis- la casa te seguirá. Sí, es verdad, pero, también nos dice , hace tiempo abrí la puerta y salí, dejé atrás la casa, sus muebles y objetos, ahora la tarea en la que estoy empeñado es comer el pan/ grumoso y ácido de la existencia, amasar el pan que nos preserve/ de la disolución y el olvido.
¿Es otra la tarea del poeta sino la del alto y empeñoso panadero, la del alto y empeñoso comensal?
Claro, ahora andan los relojes, se los oye funcionar en el silencio de la noche. Y la conciencia se aferra a nosotros como el musgo al húmedo muro.
Muñiz, Buenos Aires, 26 de marzo de 2004.
Guillermo Pilía (lapuertadelprincipe@hotmail.com) nació en La Plata, Argentina, en 1958. Es egresado en Letras. Ha publicado seis libros de poesía: Arsénico (1979), Enésimo Triunfo (1980), Río Nuestro (1988), Río Nuestro / Cazadores Nocturnos (1990), Huesos de la Memoria (1996) y Caballo de Guernica (2001). Actualmente pre-para dos nuevos libros. Ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales: Faja de Honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia, segundo premio de los certámenes inter-nacionales ´Miguel Hernández´ y ´Macedonio Fernández´, los premios nacionales ´Ciudad de Bahía Blanca´ y ´Carmen Gándara´, el Premio ´Carlos Auyero´ de la Cámara de Diputados de la Provincia, segundo premio del certamen ´Ciudad de Almendralejo´ de Badajoz (España) y el Primer Premio de la Association International ´La Porte des Poètes´ de París, entre otros. Sus poemas han sido incluidos en antologías y en páginas de internet en Argentina, España y el Reino Unido. Sus cuentos y ensayos también le han reportado importantes distinciones en el país, en España, Estados Unidos y Ecuador.
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